Y si, qué es el arte, qué pretende, qué, porqué?
Un día entre asiáticos, un tsunami envuelto en historias de amor, un hotel venido abajo. Una mujer sola en busca de un arquitecto rehabilitado. Fue él, él quien llego a su vida, o fue ella quien llego a la suya, mientras tanto, un Colombiano vestido de negro y sin desayunar, transita la butaca. En horas dispares, con mundos cerca y lejos suyo. Filipinas muy parecida a Colombia. “El hombre más inteligente del mundo y el más estúpido”, compartimos una historia, ambos será que estamos entre los mares, a la misma línea del Ecuador, faltaría ver. Algún día podré dejar de ver subtítulos. Un poeta, Benjamín Agusan, otro Porfirio Barba Jacob. Un volcán, armero, otro un tifón Durian, sepultada la historia, sepultada la vida, sin resarcir un pasado y un pecado político de desaparecidos, que parecidos somos a los filipinos, ambos amantes del discurso Ruso.
Y que poder tiene un plano fijo, cuanto puede hablar el tiempo si le damos tiempo a hacerlo. Las cosas no es en detalle que tienen que ser mostradas, sino en detalle que tienen que ser sinceras y sentidas. Pueblo, carros, bulla, silencio, silencio y vacío, es posible escapar, a donde, ya todo es conocido, solo queda el lenguaje, solo la mirada.
Un japonés repite, repite y con eso renace, “rebirth” seremos capazes de percibir lo diferente, seremos capaces de devolverle una mirada honesta a aquello que nos llegue y que nos haga preguntarnos. Que me cuestiona, un japonés, alguien tan enteramente cercano y tan enteramente distante, como es posible. Como es posible hallarme en su vacío, en su silencio, compartir su tiempo, entenderlo a él, sin que me explique, tan solo su imagen, tan solo sus “Haikus”.
Y mientras tanto el Colombiano permanece 9 horas mudo ante lo que ve, sin palabras más que para adentro, la silla contra él, el tiempo sobre el tiempo, tiempo para ver, tiempo de ver, tiempo para entender, tiempo para sentir y tiempo para soportar. Cuánto dura una película? Cuánto puede durar. “Cuanto vale la obra del artista, lo que al artista le cuesta hacerla”
Sistiaga.
Sigo, seguiré…… Hasta donde puede llevarnos la imagen, cuanto más podemos dejar que nos arrastre y que nos crea. La imagen nos crea y le creemos, solo cuando deja de hacer lo uno comprendemos lo lejos que estamos de lo otro. Traición – mentira – Wells – Ospina. Que hay con la verdad, cual, el ego será posible que a eso se reduzca todo. Y una vida dedicada a eso, superarse a uno mismo, mirarse el ombligo. De los ismos, sera ese el del artista el ego-ismo. Por si solo, por su propia voluntad, por su propia verdad.
Tan solo una vida honesta, una vida lo suficientemente llena para vaciar en ella la nostalgia desde la butaca, de las demás vidas que viven los otros, si siempre los otros. Que no hacen otra cosa que repetir. Cómo ser diferente, como aceptarse, entenderse e inventarse a uno mismo? Qué es lo de uno?
Un choripan, la calle con humo, una neblina en la oscuridad, imágenes en blanco y negro, el viento sobre el micrófono, una chaqueta negra y un saco a rayas, mujeres lindas coqueteando y hablando en otro idioma, todos pasan, todos cruzan, y nuevamente, todos pasan y todos cruzan, funciones, butacas llenas y vacías, tan solo un momento, un solo momento y aparecen 9 horas de butacas vacías, dónde? En el cementerio, en cuál? En uno Filipino, si, Death in the land of the encantos.
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