El Archibaldo de Timothy, la más bella
imagen que la noticia me dio, el registro fotográfico que su autismo tuvo para
mi; una cadena extranjera, porque las nacionales me hablaban, del resentimiento
elgtb, sus derechos, donde aún a través de la lucha del teatro barrera, los escenarios
debían defenderse a pesar de Benedetti, aquel líder que usaba sus escoltas para
apaliar gente, por encima del grave agravio, de la gente que ya había hecho la
fila de los falsos positivos, del grafitero y de los 220 mil pesos por el
muerto que presentaron como falso positivo, el ejército de la víctima Marina Bernal
y de los 260 abusos, además de las 63 denuncias en Bogotá, con una ciudad homofóbica,
me despido. En este día de reencuentros donde en todo caso, tengo que ser yo.
jueves, 23 de mayo de 2013
martes, 29 de enero de 2013
Contrapunto de Darwix
Solo suelo publicar cosas mías, pero este poeta es de los que más me ha inspirado y gustado en la vida, así que les comparto uno de sus últimos y más acertados poemas sobre palestina y el exilio, tan reflexivos como autocríticos y certeros, sus hermosas palabras siempre consiguen que las imágenes evocadas en tan solo pocas palabras logren calar en lo más profundo del alma
Contrapunto
A Edward Said
Nueva York / Novimebre / Quinta Avenida /
El sol es un platillo volante metálico /
A la sombra, he preguntado a mi alma extranjera:
¿Es esto Babel o Sodoma?
Allí, en el umbral de un abismo eléctrico /
alto como el cielo, me encontré con Edward
hace treinta años,
en un tiempo menos terco que éste.
Nos dijimos:
Si tu pasado te sirva de experiencia,
!dale al mañana sentido y visión!
Venga,
Vayamos hacia el mañana con fé
en la sinceridad de la imaginación, y en el milagro de la
hierba /
No recuerdo si fuimos al cine
aquella tarde. Sí que oí a unos indios
antiguos que me gritaban:
No os fiéis del caballo ni de la modernidad.
No, no hay víctima que pregunte al verdugo:
¿Yo soy tú? Si mi espada fuera
más grande que mi rosa, ¿Me preguntarías
si haría lo que tú?
Una pregunta así llama la atención del novelista
en un despacho de cristal que da a
los lirios de un jardín.... donde la mano
de la hipótesis es blanca como la conciencia
del novelista cuando ajusta cuentas
con la naturaleza humana: No hay mañana
en el ayer !avancemos pues! /
Puede que el avance sea el puente de vuelta
a la barbarie.... /
Nueva York. Edward se despierta con la pereza
del alba. Toca una melodía de Mozart. Va a correr
alc ampo de tenis de la universidad. Reflexiona sobre
la emigración de las aves al margen de fronteras y
barreras.
Hojea The new york times. Redacta un artículo
tenso. Maldice a un orientalista que guía al general
hacia el punto débil del corazón de una oriental.
Se da una ducha. Elige un traje con la elegancia de un
Gallo
Se toma su café con leche. Y grita
con la aurora: Vamos, no te entretengas /
Sobre el viento camina. Y el viento
sabe quien es. No existe techo para el viento.
El viento no tiene casa. El viento es brújula
para el Norte del extranjero.
Dice: Soy de allí. Soy de aquí.
Y no estoy allí, ni estoy aquí.
Tengo dos nombres que se encuentran y se separan.
Y tengo dos lenguas, pero he olvidado con cuál
sueño,
tengo la inglesa para escribir,
dócil el léxico,
y tengo otra con la que el cielo dialoga con
Jerusalén, de plata el acento, pero que
!no se somete a mi imaginación!
¿Y la identidad?, dije.
Dijo: Autodefensa....
La identidad es hija del nacimiento, pero
al fin es creación de uno mismo, no
herencia de un pasado. Yo soy lo plural. En
mi interior está mi exterior renovado.... Pero
pertenezco a la pregunta de la víctima. Si no
fuera de allí, habituaría a mi corazón
a criar allí a la gacela de la metonimia.
Lleva tu país a donde vayas....
y sé narcisista si cuadra /
-Exilio es el mundo exterior
y exilio es el mundo interior.
¿Quién eres tu entre ambos?
-No me defino del todo
para no echarme a perder. Yo soy lo que soy
y soy el otro que es yo en una dualidad
que se mece entre el verbo y el signo.
Si escribiera poesía, diría:
Soy dos en uno
como las alas de la golondrina:
cuando la primavera se retrasa
me conformo con anunciarla.
Ama los países, pero se marcha de ellos.
(¿Queda lejos lo imposible?)
Ama emprender viaje a cualquier cosa:
en el viaje libre entre culturas
acaso los que buscan la esencia humana hallen
sitio bastante para todos.
Aquí una periferia avanza. O un centro retrocede.
Ningún Oriente es completamente Oriente,
ningún Occidente es completamente Occidente,
la identidad está abierta a la pluralidad,
no es una fortaleza o un foso /
La metáfora dormía a la orilla del río:
sin polución,
habría abrazado la otra orilla.
-¿Has escrito la novela?
-Lo he intentado.... He intentado recuperar
mi imagen en el espejo de mujeres lejanas,
pero ellas se adentraron en su noche inexpugnable
y dijeron: Tenemos un mundo independiente del texto,
jamás el hombre escribirá a la mujer, enigma y sueño,
jamás la mujer escribirá al hombre, símbolo y estrella,
ningún amor se parece a otro amor,
ninguna noche se parece a otra noche.
!Deja que enumeremos las cualidades de los hombres y
nos riamos!
-¿Y que hiciste?
-!Reirme de mi disparate
y tirar la novela a la basura!
/ El intelectual refrena la narración del novelista
y el filósofo diseca las rosas del cantor /
Ama los países, pero se marcha de ellos.
Soy lo que soy y lo que seré.
Me haré a mí mismo de mí mismo
y escogeré mi exilio.
Mi exilio es bastidor del escenario épico.
Defiendo que los poetas precisen
del mañana y de recuerdos a un tiempo,
defiendo a esos árboles que los pájaros visten
de país y de exilio,
y a la luna que aún vale para un poema de amor,
defiendo que a una idea la quiebre la fragilidad de sus
deudos,
y que a un país le rapten las leyendas.
-¿Podrías regresar a algo?
-Lo que tengo delante tira de lo que tengo detrás y se
apresura.....
en mi reloj no queda tiempo para trazar rayas
en la arena. Pero puedo visitar el ayer,
como hacen los extranjeros,
cuando al ocaso escuchan
al poeta bucólico:
(A la fuente va una muchacha a llenar su cántaro
de leche de nubes,
llora y ríe por una abeja
que le ha picado el corazón con el aguijón de la
ausencia.
¿Es el amor lo que le duele al agua
o enfermedad en la niebla?
Y así hasta el final de la canción.)
-Entonces, ¿te podrías aquejar el mal de la nostalgia?
-Nostalgia del mañana.... y de más lejos, más alto
y más lejos. Mi sueño guía mis pasos. Y lo que veo
sienta a mi sueño en mis rodillas como un gato casero.
Es un realista utópico, hijo de la voluntad:
!En nosotros está
cambiar
la fatalidad del abismo!
-¿Y la nostalgia del ayer?
-Un sentimiento ajeno al intelectual, salvo
para entender la atracción del forastero por los útiles de
la ausencia.
En cuanto a mi, la nostalgia es luchar por un presente
que tiene el mañana cogido por los testículos.
-¿No te adentraste en el ayer cuando fuiste
a casa, tu casa, en el barrio de al-Talibiya?
-Me dispuse a meterme en
la cama de mi madre, como hace el niño cuando tiene
miedo
del padre. Intenté revivir mi propio
nacimiento, seguir el reguero de la leche
en la azotea de mi vieja casa, palpar
la piel de la ausencia y sentir el olor a verano
del jazmín del jardín. Mas la fiera realidad
me alejó de una nostalgia que vuelve la cabeza como un
ladrón
-¿Tuviste miedo? ¿De qué tuviste miedo?
-No puedo encontrarme con lo perdido cara
a cara. Me quedé parado a la puerta como un mendigo.
¿Pedir permiso a los forasteros que duermen en
mi propia cama.... para visitarme a mi mismo cinco
minutos?
¿Inclinarme respetuosamente ante los que ocupan mi
sueño de la infancia?
Preguntarán: ¿Quién es este turista
tan indiscreto? ¿Podré hablar de
la paz y de la guerra entre las víctimas y las víctimas
de las víctimas, sin disgresiones además? ¿Me
dirán que no hay sitios para dos sueños en
una única alchoba?
(Ni yo ni él,
pero él es un lector que se interroga
sobre lo que nos dice la poesía en tiempos de
desastre.)
Sangre
sangre
y sangre
en tu país.
en mi nombre y en tu nombre, en la flor
del almendro, la cáscara del plátano, la leche
del niño, la luz y la sombra, en
un grano de trigo, en el salero /
hábiles francotiradores aciertan en sus blancos
impunemente
sangre
sangre
y sangre.....
Esta tierra es más pequeña que la sangre de sus hijos
plantados como exvotos a las puertas
de la resurrección. ¿De verdad esta tierra es
bendita o está bautizada
con sangre
sangre
y sangre
que no secan ni las oraciones ni la arena?
En las páginas del Libro Sagrado no hay justicia
bastante para dar la alegría a los caídos de que paseen
libremente por las nubes. Sangre de día.
Sangre en la oscuridad. Sangre en el verbo.
Dice: El poema acaso hospede lo perdido,
hilo de luz que brilla en el corazón de la guitarra,
o un mesías a caballo, exangüe de bellas
metáforas. Pues que es lo bello sino la presencia
formal de lo auténtico /
En un mundo sin cielo, la tierra es muda
en abismo. Y el poema, en dádiva de la consolación
y atributo del viento, boreal o austral.
No describas las heridas que de ti ha captado la cámara.
Grita para oírte a ti mismo, grita para saber
que sigues vivo-vivo, y que es posible la vida
en esta tierra. Inventa una esperanza
para el verbo, crea un punto cardinal o un espejismo
que prolongue la ilusión,
y canta, pues lo bello es libertad /
Digo: La vida que solo se define
como antónimo de la muerte... no es vida.
Dice: Viviremos, incluso si la vida nos abandona
a nuestra suerte. Seamos esos señores de las palabras
que harán eternos a sus lectores-
como diría tu amigo el sin par Ritsos.
Y dijo: Si muero antes que tú,
!te lego lo imposible!
Pregunté: ¿Queda lejos lo imposible?
Dijo: A una generación.
Pregunté: ¿Y si muero antes que tú?
Dijo: Consolaré a los montes de Galilea
y escribiré:
lo apropiado>. Pero no olvides:
si muero antes que tu, te lego lo imposible.
Cuando lo visité en la nueva Sodoma,
en año dos mil dos, se
resistía a la guerra de Sodoma contra la gente de Babel
y al cáncer,
defendía, como el último héroe épico,
el derecho de Troya
a entrar en la novela /
Alta,
alta un águila se despide de su cumbre,
pues habitar el Olimpo
y las cumbres
acaba hartando.
!Adiós,
adiós poesía del dolor!
lunes, 21 de mayo de 2012
C´est fini, la vie
Hoy a las 5 de la mañana me despertó uno de los sueños más brutales que he tenido. No solo soñé mi propia muerte sino el fin del mundo, al menos de uno que solemos conocer.
Yo me encontraba durmiendo en la calle, en lo que parecía ser una suerte de buenos aires, pero con cara de plaza de pueblo Colombiana y a la vez mercado central, un lugar bastante extraño, pues obedecía a un aire a todo eso, mientras dormía ahí en la calle, con un sleeping, pensaba que en Colombia uno no se podía permitir eso, dormir en la calle por ejemplo, es muy peligroso y allí donde yacía yo, era incluso algo frecuente, algo normal. Que por otro lado no se si lo sea en alguna parte del mundo, seguro en alguna circunstancia, en todo caso, recordaba yo allí la conversación que había tenido una anciana quien le había dicho a mi madre o a alguna señora adinerada de quien había sido nana o empleada, que ella podía llevarle lo que quisiera de golosinas o de tapicería, porque en esa feria había que pagar 120 mil pesos para entrar en las madrugadas pero pues no se garantizaba ni la compra ni que uno encontrara lo que quisiera, y muchas cosas no se llegaban a vender o se perdían pero todo era supremamente económico adentro, entonces que como ella ya iba a entrar pues que ella podía llevarle lo que quisiera, sobre todo de golosinas de esas que al confitarse quedan rojas, porque hay muchos productos de ese tipo y además se acerca el fin del mundo. Yo recordaba esas palabras en medio de la somnolencia y no se porque en ese momento habría los ojos, miraba hacia esa noche oscura y estrellada y de repente veía una estrella, un punto luminoso, que bajaba y cruzaba el cielo no muy lentamente como en caída, iluminándolo todo con un azul, de una belleza que solo he visto en las películas, yo ya sabía que significaba ese punto, y escuchaba como caía muy a lo lejos aunque el sonido no me llegaba con tanto retraso, y cual Melancholía, veía como todo comenzaba rápidamente a alzarse en una explosión harto brutal, que se acercaba con un demasiada rapidez. Sentía la muerte cerca e inevitable y sin embargo corría para protegerme sin sentido alguno tras un edificio muy cerca que estaba a una cuadra. Mi hermano, Fabo, no se de que manera estaba realmente cerca mío así que corríamos muy cerca el iba adelante, y cuando la explosión ya se encontraba muy cerca, nos tomábamos de la mano prometiendo no soltarnos por nada con uno de los temores más grandes que pocas veces he sentido en el sueño, sentía como la explosión nos llevaba y lo único que quería era morir a su lado y nu soltarlo nunca. Poco a poco mi cuerpo se incendiaba, sin yo mirarlo y todo a mi alrededor se volvía blanco, completamente blanco, si bien sentía incendiarme, no me dolía, y lo que era estridente era el sonido de la explosión que nos alcanzaba, yo cerraba los ojos y apretaba la mano de mi hermano con toda mi fuerza y entonces estaba seguro habíamos muertos, habíamos abandonado el mundo que conocía y poco a poco, sentía como los sentidos me dejaban y ya no era más lo que alguna vez percibía que era ser humano, al abrir los ojos. Extrañamente me encontraba en una imagen de mi mismo pixelada, atrapada como en 4 pixeles entre 2 tubos que circulaban a partir de una onda y 4 plasmas de televisión que tramitaban noticias, estaba junto a él. El primer temor, era saber que habíamos dejado de ser humanos, no entender que era ese lugar ni que había pasado, ni que éramos realmente o en que nos habíamos trasformado, el caso, es que nos encontrabamos extrañamente en un lugar que parecía una suerte de cadena de televisión al tiempo que un lugar de oficina y comenzábamos a llamar, a saludar a preguntar por alguien, si existía alguien en ese lugar, todo estaba vacío, solamente las ondas que giraban, el rededor nuestro y al salir veíamos una secretaria quien quedaba completamente pálida al vernos.
Entonces desperté y al desperter aún sentía que de depronto otros como nosotros al morir iban a parar ahí, y si todos habían muerto nos ibamos a reencontrar en ese lugar. Luego reíen caí en cuenta que estaba vivo, en Buenos Aires, con mucho calor, sudando, y por encima de intentarme dormir de vuelta, la impresión de la muerte y del fin de la vida fue tan fulminante que me tuve que sentar a escribirlo. Y así termina este relato.
Abrazo
sábado, 22 de octubre de 2011
Bogotá lo esperaba
Era un 18 de Diciembre recordaba él. Aquel tan esperado día se disponía a volver a su ciudad de origen, esa caótica, fría, gris y violenta Bogotá de la que alguna vez se fue porque sintió que se le habían a muy corta edad acabado las oportunidades.
Decir que la ciudad esperaba su regreso es demasiado, no solo, no lo esperaba, sino que incluso más bien esperaba que cuanto menos estuviera en ella, mejor para todos. Cada vez que comentaba a sus coterráneos la posibilidad de su regreso, encontraba las siguientes respuestas: “Lo pensaste bien?” “Es que no te está yendo bien donde estás?” “Pero que vas a venir a hacer acá?” nadie como él, pensaba que se había ido con un meta clara que cumplir para volver, era como un expatriado cuyo regreso no se veía del todo como una “bendición”, sino más bien el tipo que no supo aprovechas que afuera en todo caso y por encima de estar lejos de lo que importa, las condiciones de vida son siempre mejores.
Sin embargo, en esta su 4ta visita, algo había cambiado no era el mismo viaje porque aunque volvía a la misma ciudad la ciudad ya no era la misma, alguien más lo estaba esperando, su nombre era Carolina, con ese nombre que entre la c, la o y la r, le prometían rodar y rodar, como un nombre que por lo pronto promete movilidad que ya es bastante.
Él se vistió, casi nada le importaba demasiado, trataba de no ser torpe, de llevar todo cuanto necesitaba dejar en este su primer regreso definitivo, no sabía bien que le podría faltar, no sabía bien si estaba dejando algo importante o no, pues realmente su mente estaba en esta mujer. Era muy temprano, debía estar en Ezeiza a la madrugada, afortunadamente hacía calor y el viaje aunque eterno le fue placentero, pues nuevamente estaba devuelta en la comodidad de un coche y dispuesto a viajar, cosa que además de su claustrofobia siempre para él había tenido un encanto. Todo salió normal, el vuelo con un compañero harto ruidoso pero amable y una película que poco le interesó pero que vió y de la que rescató un par de planos y diálogos que lo hicieron reir.
Al aterrizar todo le devolvió la imagen de lo que había abandonado, la lluvia que hacía que el olor a asfalto se mezclara con el smok de la ciudad y los famosos “chicles, cigarrilos, llamadas” vio a su familia, su hermano y su madre, ella llorando como suelen ser las madres románticas, las madres para cuyos hijos no crecen y que además en el fondo no quieren que crezcan, y su hermano quien nunca había abandonado la ciudad por encima de no encontrarse realmente a gusto en ella, abrazo con él, par de abrazos y besos con ella. Comenzó a recorrer esas grandes avenidas, puentes, y soportar esos trancones, filas de autos, donde todos guardados como peseras andantes, se estresan en un río de carros al que ya no le cabe un pez más y cuyo caudal es insoportable, mientras todos los autos miran como los transmilenios pasan a toda velocidad y tetiados de gente. Los de los carros piensan; que rápido llegaría si fuera en un transmilenio, los de transmilenio piensan en lo cómodos que estarían si tuviera un puto carro.
Tomaron toda la 30 en Bogotá y fue cuando pensó, “alguna de esas es”, vio las casas una por una, junto a los edificios, cerca de la 75 y se repetía, “si, ahí vive, ahí me escaparé a la noche para buscarla”. El día se le hizo interminable todo era una sola torpeza, sus parientes pensaban en lo estúpido que había llegado, él solo podía pensar en la noche cuando entonces se dirigiría a su encuentro, el encuentro con su Carolina, esto sus parientes lo ignoraban y como las personas que desean con fuerza algo que saben solo es cuestión de tiempo para que acontezca el intermedio es simplemente insoportable. Pues bien, así lo fue el ajiaco de bienvenida, los abrazos, la ducha eléctrica, la siesta que se procuró, las nuevas ropas que le tenían dispuestas para vestirlo, casi de nada pudo disfrutar, eran más bien obstáculos temporales que le impedían llegar a su meta, ELLA, cada vez que la hora se le acercaba se le iba haciendo más impaciente, faltan solo 6 horas, 5, 4 de forma interminable, entendió aquellos que prefiguran que el reloj es justamente todo lo contrario al tiempo, el tiempo no conoce medida, es absurdamente relativo, no sabe cuanto duró la comida, la vestida, la duchada, solo sabía que realmente su tiempo estaba con ella, simplemente la esperaba eso era todo y fue que así entrada la noche, simplemente pidió el carro prestado sin mayor explicación y aunque hacía mucho que no manejaba salió en medio de una llovizna a su encuentro, trataba de ser muy cuidadoso, cuando se espera mucho tiempo por algo, nadie quiere que algún borracho con carro lo arruine, o algún tombo malencarado lo detenga buscando un pretexto para ser mal tipo y sacarle plata o meterle un problema, Anduvo así tranquilo, en esos 60 kilómetros que habilita el tránsito y solo los viejos respetan, viajó pensativo, lo suficientemente distraído para poder maniobrar con seguridad y recuperar la confianza en el volante. Había averiguado su dirección con una amiga en conjunto y a través suyo se las había arreglado para que fuera seguro que ella estuviera en casa, quería sorprenderla, le compró flores, le llevó un regalo y cargo un par de preservativos por si la ocasión lo habilitaba, sabía que las colombianas no acostumbran darlo en la primera noche, y que además los colombianos son pésimos para pedirlo la primera vez pero él se animaba, Carolina no era una niña pero esto no significaba dárselo en la primera noche, no debía ser descuidado. Aparcó el carro en lo que le pareció el mejor lugar para dejarlo, si es que en Bogotá existe un lugar así, puede a veces ser incluso el peor lugar para dejarlo pero en todo caso no le importaba, como casi de memoria, le puso la correa al timón, el gancho al pedal, subió ventanas y le dijo con un acento ya olvidado al guardia, “Viejo me le echa un ojito por favor” y comenzó a acercarse a la casa, timbro y Carolina le contesto.
Decir que la ciudad esperaba su regreso es demasiado, no solo, no lo esperaba, sino que incluso más bien esperaba que cuanto menos estuviera en ella, mejor para todos. Cada vez que comentaba a sus coterráneos la posibilidad de su regreso, encontraba las siguientes respuestas: “Lo pensaste bien?” “Es que no te está yendo bien donde estás?” “Pero que vas a venir a hacer acá?” nadie como él, pensaba que se había ido con un meta clara que cumplir para volver, era como un expatriado cuyo regreso no se veía del todo como una “bendición”, sino más bien el tipo que no supo aprovechas que afuera en todo caso y por encima de estar lejos de lo que importa, las condiciones de vida son siempre mejores.
Sin embargo, en esta su 4ta visita, algo había cambiado no era el mismo viaje porque aunque volvía a la misma ciudad la ciudad ya no era la misma, alguien más lo estaba esperando, su nombre era Carolina, con ese nombre que entre la c, la o y la r, le prometían rodar y rodar, como un nombre que por lo pronto promete movilidad que ya es bastante.
Él se vistió, casi nada le importaba demasiado, trataba de no ser torpe, de llevar todo cuanto necesitaba dejar en este su primer regreso definitivo, no sabía bien que le podría faltar, no sabía bien si estaba dejando algo importante o no, pues realmente su mente estaba en esta mujer. Era muy temprano, debía estar en Ezeiza a la madrugada, afortunadamente hacía calor y el viaje aunque eterno le fue placentero, pues nuevamente estaba devuelta en la comodidad de un coche y dispuesto a viajar, cosa que además de su claustrofobia siempre para él había tenido un encanto. Todo salió normal, el vuelo con un compañero harto ruidoso pero amable y una película que poco le interesó pero que vió y de la que rescató un par de planos y diálogos que lo hicieron reir.
Al aterrizar todo le devolvió la imagen de lo que había abandonado, la lluvia que hacía que el olor a asfalto se mezclara con el smok de la ciudad y los famosos “chicles, cigarrilos, llamadas” vio a su familia, su hermano y su madre, ella llorando como suelen ser las madres románticas, las madres para cuyos hijos no crecen y que además en el fondo no quieren que crezcan, y su hermano quien nunca había abandonado la ciudad por encima de no encontrarse realmente a gusto en ella, abrazo con él, par de abrazos y besos con ella. Comenzó a recorrer esas grandes avenidas, puentes, y soportar esos trancones, filas de autos, donde todos guardados como peseras andantes, se estresan en un río de carros al que ya no le cabe un pez más y cuyo caudal es insoportable, mientras todos los autos miran como los transmilenios pasan a toda velocidad y tetiados de gente. Los de los carros piensan; que rápido llegaría si fuera en un transmilenio, los de transmilenio piensan en lo cómodos que estarían si tuviera un puto carro.
Tomaron toda la 30 en Bogotá y fue cuando pensó, “alguna de esas es”, vio las casas una por una, junto a los edificios, cerca de la 75 y se repetía, “si, ahí vive, ahí me escaparé a la noche para buscarla”. El día se le hizo interminable todo era una sola torpeza, sus parientes pensaban en lo estúpido que había llegado, él solo podía pensar en la noche cuando entonces se dirigiría a su encuentro, el encuentro con su Carolina, esto sus parientes lo ignoraban y como las personas que desean con fuerza algo que saben solo es cuestión de tiempo para que acontezca el intermedio es simplemente insoportable. Pues bien, así lo fue el ajiaco de bienvenida, los abrazos, la ducha eléctrica, la siesta que se procuró, las nuevas ropas que le tenían dispuestas para vestirlo, casi de nada pudo disfrutar, eran más bien obstáculos temporales que le impedían llegar a su meta, ELLA, cada vez que la hora se le acercaba se le iba haciendo más impaciente, faltan solo 6 horas, 5, 4 de forma interminable, entendió aquellos que prefiguran que el reloj es justamente todo lo contrario al tiempo, el tiempo no conoce medida, es absurdamente relativo, no sabe cuanto duró la comida, la vestida, la duchada, solo sabía que realmente su tiempo estaba con ella, simplemente la esperaba eso era todo y fue que así entrada la noche, simplemente pidió el carro prestado sin mayor explicación y aunque hacía mucho que no manejaba salió en medio de una llovizna a su encuentro, trataba de ser muy cuidadoso, cuando se espera mucho tiempo por algo, nadie quiere que algún borracho con carro lo arruine, o algún tombo malencarado lo detenga buscando un pretexto para ser mal tipo y sacarle plata o meterle un problema, Anduvo así tranquilo, en esos 60 kilómetros que habilita el tránsito y solo los viejos respetan, viajó pensativo, lo suficientemente distraído para poder maniobrar con seguridad y recuperar la confianza en el volante. Había averiguado su dirección con una amiga en conjunto y a través suyo se las había arreglado para que fuera seguro que ella estuviera en casa, quería sorprenderla, le compró flores, le llevó un regalo y cargo un par de preservativos por si la ocasión lo habilitaba, sabía que las colombianas no acostumbran darlo en la primera noche, y que además los colombianos son pésimos para pedirlo la primera vez pero él se animaba, Carolina no era una niña pero esto no significaba dárselo en la primera noche, no debía ser descuidado. Aparcó el carro en lo que le pareció el mejor lugar para dejarlo, si es que en Bogotá existe un lugar así, puede a veces ser incluso el peor lugar para dejarlo pero en todo caso no le importaba, como casi de memoria, le puso la correa al timón, el gancho al pedal, subió ventanas y le dijo con un acento ya olvidado al guardia, “Viejo me le echa un ojito por favor” y comenzó a acercarse a la casa, timbro y Carolina le contesto.
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