lunes, 21 de mayo de 2012
C´est fini, la vie
Hoy a las 5 de la mañana me despertó uno de los sueños más brutales que he tenido. No solo soñé mi propia muerte sino el fin del mundo, al menos de uno que solemos conocer.
Yo me encontraba durmiendo en la calle, en lo que parecía ser una suerte de buenos aires, pero con cara de plaza de pueblo Colombiana y a la vez mercado central, un lugar bastante extraño, pues obedecía a un aire a todo eso, mientras dormía ahí en la calle, con un sleeping, pensaba que en Colombia uno no se podía permitir eso, dormir en la calle por ejemplo, es muy peligroso y allí donde yacía yo, era incluso algo frecuente, algo normal. Que por otro lado no se si lo sea en alguna parte del mundo, seguro en alguna circunstancia, en todo caso, recordaba yo allí la conversación que había tenido una anciana quien le había dicho a mi madre o a alguna señora adinerada de quien había sido nana o empleada, que ella podía llevarle lo que quisiera de golosinas o de tapicería, porque en esa feria había que pagar 120 mil pesos para entrar en las madrugadas pero pues no se garantizaba ni la compra ni que uno encontrara lo que quisiera, y muchas cosas no se llegaban a vender o se perdían pero todo era supremamente económico adentro, entonces que como ella ya iba a entrar pues que ella podía llevarle lo que quisiera, sobre todo de golosinas de esas que al confitarse quedan rojas, porque hay muchos productos de ese tipo y además se acerca el fin del mundo. Yo recordaba esas palabras en medio de la somnolencia y no se porque en ese momento habría los ojos, miraba hacia esa noche oscura y estrellada y de repente veía una estrella, un punto luminoso, que bajaba y cruzaba el cielo no muy lentamente como en caída, iluminándolo todo con un azul, de una belleza que solo he visto en las películas, yo ya sabía que significaba ese punto, y escuchaba como caía muy a lo lejos aunque el sonido no me llegaba con tanto retraso, y cual Melancholía, veía como todo comenzaba rápidamente a alzarse en una explosión harto brutal, que se acercaba con un demasiada rapidez. Sentía la muerte cerca e inevitable y sin embargo corría para protegerme sin sentido alguno tras un edificio muy cerca que estaba a una cuadra. Mi hermano, Fabo, no se de que manera estaba realmente cerca mío así que corríamos muy cerca el iba adelante, y cuando la explosión ya se encontraba muy cerca, nos tomábamos de la mano prometiendo no soltarnos por nada con uno de los temores más grandes que pocas veces he sentido en el sueño, sentía como la explosión nos llevaba y lo único que quería era morir a su lado y nu soltarlo nunca. Poco a poco mi cuerpo se incendiaba, sin yo mirarlo y todo a mi alrededor se volvía blanco, completamente blanco, si bien sentía incendiarme, no me dolía, y lo que era estridente era el sonido de la explosión que nos alcanzaba, yo cerraba los ojos y apretaba la mano de mi hermano con toda mi fuerza y entonces estaba seguro habíamos muertos, habíamos abandonado el mundo que conocía y poco a poco, sentía como los sentidos me dejaban y ya no era más lo que alguna vez percibía que era ser humano, al abrir los ojos. Extrañamente me encontraba en una imagen de mi mismo pixelada, atrapada como en 4 pixeles entre 2 tubos que circulaban a partir de una onda y 4 plasmas de televisión que tramitaban noticias, estaba junto a él. El primer temor, era saber que habíamos dejado de ser humanos, no entender que era ese lugar ni que había pasado, ni que éramos realmente o en que nos habíamos trasformado, el caso, es que nos encontrabamos extrañamente en un lugar que parecía una suerte de cadena de televisión al tiempo que un lugar de oficina y comenzábamos a llamar, a saludar a preguntar por alguien, si existía alguien en ese lugar, todo estaba vacío, solamente las ondas que giraban, el rededor nuestro y al salir veíamos una secretaria quien quedaba completamente pálida al vernos.
Entonces desperté y al desperter aún sentía que de depronto otros como nosotros al morir iban a parar ahí, y si todos habían muerto nos ibamos a reencontrar en ese lugar. Luego reíen caí en cuenta que estaba vivo, en Buenos Aires, con mucho calor, sudando, y por encima de intentarme dormir de vuelta, la impresión de la muerte y del fin de la vida fue tan fulminante que me tuve que sentar a escribirlo. Y así termina este relato.
Abrazo
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