sábado, 4 de abril de 2009

!Quizás!

!Quizás! 14 horas de sueño

¡Quizás! si, entre mi pasado y mis recuerdos, comencé a pensar en la posibilidad de entregarme a un tiempo retirado hacia adentro, hacia sus misterios hacia su ficción, ser espectador ahora de la propia película que mi velocidad de obturación no me permitió registrar.

El obturador de mi cerebro me permitía imprimir 24 imágenes por segundo, pero tenía que cerrar la ventanilla para permitir que la película de mi memoria corriera así que la parte de mi cerebro que si registró su pasado, fueron tan solo los 24 cuadros de un movimiento y los otros 24 cuadros quedaron en un lugar misterioso, depositado y revivido por un flujo temporal que aparecía en los sueños, capaces de mezclar tanto las cosas que yo mismo sentía que tan solo allí podía ver realmente mis films, los films más increíbles, los mas inauditos, lo más descalabrados, las imágenes más lejanas, más hermosas, belicosas, destructoras y pervertidas de toda mi vida entre mis propios dioses y demonios.

De allí surge este relato, de la fuerza de acercar esas dos visiones lo más posible, de detener mi velocidad de obturación, de ver aquello que la maquina-sueño vio antes que yo y que me preparó para el desgarramiento. Un relato al parecer que nace sin estructura pero que poco a poco la encuentra en el devenir de ciertos intersticios, de un salto a otro, un relato opreso en otro, una forma opresa en otra La batalla ya perdida de un lenguaje que quiere hacer posibles una imagen que vió y una que hizo ver, las dos al mismo tiempo en un mismo tiempo, o en algo capaz de ser llamado tiempo pero ante todo un misterio, el del sueño y en él, el recuerdo y la imaginación.

Así pues viene entonces el 17avo

17avo

Él allí en una colina, una extraña vista panorámica de una región montañosa en los cerros colombianos, pero no, sin embargo no era exactamente Colombia, ¡quizás! En parte la Calera, ¡quizás! los cerros del parque nacional, ¡quizás! algún lugar lejanamente visitado en el sur, ¡quizás! todos ellos, de todos ellos un punto de vista, o no, de algunos la lejanía de otros lo áspero de sus calles, de otro la resurrección de las casas robadas a la colina, de otros los árboles secos y flacos erguidos de cerca al precipicio, de otros ¡quizás! aquel césped pisado y embarrado, un lugar medianamente seco, frío y de colores ocre, todo visto desde arriba, y viéndolo viéndose también allí en medio de ello no queriendo voltear para saludarse a si mismo y asistiendo a un rodaje, una película, otra, no solo la que veía e inventaba como sueño, sino una película allí queriendo hacerse. Un rodaje de pueblo colonial o quizás de villa o de comuna, quien sabe, todo oliendo a Colombia pero ¡!!!Quizás!!!! una Colombia también de otros tiempos.

¿Colonial? Cómo saberlo. Un rodaje y no podían llegar hasta allí los equipos, no se sentía un barrio fantasma, sin embargo yo no miraba a nadie allí, no reconocía a nadie demasiado preocupado por el aparato de afuera, por el rodaje, pero qué se iba a filmar, qué película, no sabía, solo se ahora en estas líneas que eso lo vivía como película, ¿qué película? y ¡qué película, no!

Ahora fango, un río y casas que ya no a la colina sino al río le roban su lugar, voy con alguien, no es Dante, pero me lleva o lo llevo yo a él, de un río a otro, ¿dónde estoy? En el amazonas quizás, voy de un lugar a otro, pero no, a veces tiene cara de bosque en otros de selva, en otros de selva de película americana, en otros de isla Gorgonaria Colombiana, pero todo está sobre el río como los pueblos levantados en el chocó, solo que el río crece entre la selva y la selva crece entre las casas, o más bien las casas crecen entre la selva, parecen uno parte de lo otro, pero no una organicidad, más bien un escondite, de qué, de que se esconde este paraíso tan lleno de vida, de mundo y de historia, ¿lo es? Yo paso con la balsa y me cruzo con gente, que por sus pintas vive en una humedad y un calor curioso, llenos de madera, de libros de historia, sin poder tener un lugar convencional, cada lugar entre la selva que carcome sus casas se inventa su propia vivienda, no del todo distintas, todas las casas se comunican entre la selva, los árboles y el río, el río siempre debajo, los árboles adentro y afuera, las matas atraviesan las casas, los armarios, las camas, los pisos, por momentos mi compañero y yo caminamos mientras la balsa continúa sobre el río hasta encontrarnos después con ella, pasando por pasillos casas, entradas y cocinas, las gentes nos miran de reojo, sabiéndonos extraños, sin ser ni simpáticos ni apáticos. Nosotros sin embargo caminamos cautelosos con miedo, quizás el mismo miedo de saberme tan solo en la colina en el rodaje al cual no pueden llegar los equipos para filmar.

Salimos hasta encontrar de repente una suerte de lugar chorizo en medio de la selva, en cuyo patio, hay verdaderamente un río circundado por muchos árboles, musgo, palma y otras cosas, por un pasillo vamos hasta un lugar, el único que es diferente en cuanto el uso de madera, es de cemento, y parece un bar, muy diferente, con precios en hojas de papel bond que señalan platos de comida de pescado filetes y róbalos a 50 mil pesos, y lo sé eso era, buscábamos comida, estábamos hambrientos, pero no teníamos confianza para pedirla a aquellos que nos íbamos encontrando que similar a nosotros iban de un lugar a otro, algunos comiendo otros solo paseando. Detrás de la barra hay una señora oriunda del lugar, la única que atiende, nos mira atenta, no parece nadie nunca haber acudido al lugar, el precio es caro e intentamos rebaja, no sabemos si comer igual pensando que los platos estaban solo destinados a nosotros o dejarlo pasar, nos angustia el precio y el dejar pasar la oportunidad por no pagarle la suma, ella no da muestras de nada y no nos atrevemos a preguntarle, así que seguimos perdiendo la oportunidad.

Ahora en un parque o una meseta, un extraño pastizal que reúne un fuerte y amplio mar que se une con el parque y desembocan en una gran cascada, hay miedo y excitación, se vive al lado de ella y de frente una adrenalina, propia de una fuerte revelación, la unión finalmente del mar y de la tierra conviviendo y el hombre preso en la mitad siendo capaz tan solo de mirar, de un lado del parque, hacia adentro se edifica un gran edificio al parecer de los 70´s de ladrillo, quizás un poco como el barrio Antonio Nariño o de la arquitectura del barrio “La soledad” pero totalmente separado, aislado, parecía una isla en medio de toda esa belleza y cables de distintas partes iban hacia allí, adentro del edificio se reunía la gente del rodaje, la película, yo estaba afuera y veía como muchas cámaras de seguridad estaban instaladas a lo largo y ancho del edificio, me pedían que buscara una niña, una joven con más exactitud, una joven morena, es decir una mujer negra, que no se bien que rol, papel, cumplía en las dos películas, pero debía encontrarla, salía con mi hermano mayor a su búsqueda y trepaba por una escalera, que comunicaba con en el mar, un puente similar al de cataratas argentinas de Iguazú, quizás allí convivían las dos instancias, y veíamos como en la planicie en la meseta colombiana se paraban varios, familias con su cobija y su sancocho o pollo asado, elevando cometa o jugando fútbol al lado de las cataratas, sin miedo a caer, otros miraban absortos la belleza del espectáculo, nosotros desde arriba éramos los únicos en el puente, y mirábamos desde allí o más cerca del mar que caía como cascada o más de la meseta que ya no era mojada por el agua, entonces de repente al lado de una parrilla de familia muy humilde y de alguna pandilla la veía sintiéndose perdida e incomoda, era una parrilla argentina pero improvizada como en un lugar de camping del Tairona, sin embargo seguía siendo una meseta sin nada de árboles, los árboles se hallaban a lo lejos, ella sola, era sorprendida por mi y me seguía e íbamos cerca de la meseta, no era arena lo que separaba el mar de la selva o en este caso de la meseta, era pasto, pasto poco crecido, meseta también, y en lugar de la arena, la meseta separaba el mar de una serie de casas o construcciones improvizadas como algunas del Tairona y de las casas que los obreros improvizan mientras hacen una construcción, sin embargo algo similar tenían esas casas con las que había visto antes del fango y me daba cuenta que como un Woodstock, desde allí se impartían islas de sonido para gigantescos recitales que se llevaban a cabo, uno de ellos donde la chica había estado.

Mi hermano hacía reproducir un video quizá grabado desde los videos del edificio de cables y cámaras, que al parecer se había efectuado allí en el primer lugar donde había estado en la colina colonial. Por dentro, ella se veía entre gente que antes me había parecido conocida, era un bar al estilo pub ingles o escosés, que contrastaba con la humildad y el tiempo de dicho barrio, no estaba seguro. ¡!!!!Quizás!!!!!! todo comenzaba a mezclarse y un tiempo le comenzaba a pedir cabida a otro en mi sueño, la película cada vez se desdibujaba más, el rodaje cada vez era más disfrazado por la incertidumbre y por un exceso de belleza que me cegaba, ella la chica negra me miraba y solo quería disculparse. Yo la devolvía al edificio y ella entraba a la película que nunca llegaba a saber sobre que trataba, al volver a la meseta ya el mar lo había inundado todo y la meseta era menos meseta, era ahora mucho más una inundación, en un gran hotel extraño, una suerte de hotel de Girardot, pero con síndromes de película americana y de arquitectura inverosímil, nosotros posábamos sobre el agua, no es que estuviéramos sobre el agua, sino que el plano que mi sueño había elegido para mi, no permitía ver donde pisaba yo, sin embargo todo estaba inundado, apenas si reconocía lo que era meseta, llovía, llovía demasiado y veíamos los pocos que quedábamos como una moto que venía de la izquierda perseguida por una vieja camioneta de carácter hippie se introducía en el agua, sin embargo por encima de estar casi completamente cubierta por el agua, seguía el camino de la montaña y bajaba como si el agua no influyera en nada en su mecánica, la camioneta la seguía y adentro sumergida en el agua también, la pasaba, todo esto lo veían mis ojos inmóviles, hasta notar que saliendo de la inundación, la camioneta adelantaba a la moto y giraba para cerrarle el paso y resbalaba, entonces se estrellaba contra una serie de carros, que aparcaban quizás en uno de esos restaurantes hacia a las afueras de Bogotá yendo hacia chía, o ¡quizás! También o mejor al lado de unos restaurantes a las afueras de punta del este, ya no sabría con exactitud mi sueño que mezclaba para mi, el caso es que la moto seguía, una harley davison manejada por alguien de cuero negro, de la camioneta chocada se bajaba alguien, ahora lloviendo menos, que nos puteaba a todos y amenazaba con prender más fuego para hacer estallar la camioneta, yo me movía lentamente, el resto permanecía inmóvil y por momentos yo anticipaba la explosión, me la imaginaba y anticipaba como los pedazos lograban herirme, sin embargo por encima del fuego que el hombre lograba encandecer a su propio auto, la camioneta nunca explotaba y él decidía entonces extinguirlo.

En la noche, se difuminaba la inundación, quedaban las secuelas de la humedad, sin embargo la inundación nunca se iba del todo y el agua seguía al fondo del hotel cayendo por la cascada con la misma inmensidad que en las cataratas de Iguazú. La montaña seguía unos caminos y unos depósitos muy marcados, varias luces estaban puestas, luces de fresnel, mini pan, banderas, power flo y todo listo para una escena que se llevaría a cabo allí, yo intentaba sugerir algo y me daba cuenta que una mujer motociclista, aquella que se había salvado de la persecución, era quien dirigía todo ese parangón, de repente la inundación se venía con todo y veíamos un barco gigante, un gran submarino de guerra de película americana, eso si antiguo y a su lado un barco similar al que uso Herzog para su film trataba de aventajarlo, el barco americano era agigantado, irreal y el de Herzog, en un movimiento similar al de la camioneta hippie, trataba de aventajarlo para cerrarle el paso, yo me daba cuenta entonces de que intentaba hacerse colisionar contra el barco americano, todo sucedía mientras el mar los arrastraba y recordaba allí mismo interrumpiendo la secuencia, la escena del choque de barcos con la ametralladora en la película “El curioso caso de Benjamín Botton” mientras observaba si finalmente el barco chico lograba colisionar contra el agigantado submarino negro metálico americano.

Desperté sin saber si lograba colisionar.
Desperté sin mucha hambre.
Desperté sin saber bien que había soñado y que no.
Desperté inventando parte de la historia que aquí he narrado.
Desperté sabiendo que ya antes también había despertado.
Desperté y lo primero que hice fue escribir este sueño como el sueño 17avo.
Desperté cansado, agotado por tantas horas de sueño.
Desperté sin saber, que parte había venido primero si el fango, si la colina colonial o la meseta, tan solo sabiendo que al final había tenido el sueño con benjamín Botton y los barcos que coalicionan y a su vez que antes de eso venía el sueño de la moto seguida por la camioneta y que en todos los lugares excepto en el fango algo que tenía que ver con una película que se estaba o se iba a llevar a cabo.
Desperté sin querer hacer nada, queriendo escribir este sueño, queriendo escribir y con un lenguaje ser capaz de manifestar toda su magnanimidad, su fantasía, su confusión, su mezcla.
Desperté sabiéndome entre tiempos distintos, arquitecturas distintas, encerrado en mi mismo sin querer demasiado salir.
Desperté sin quererlo realmente, fue mi cuerpo el que me lo pidió, porque no puedo dormir eternamente, entonces nunca llego a saber que película es la que estoy filmando en el sueño.
Desperté angustiado y ansioso.
Desperté ya no se cuantas veces
Desperté a qué?
¿Quizás desperté? Desperté al sueño o el sueño me despertó a mi.

Me doy cuenta que es allí que vivo mis films, que le rehuyo a la realidad, y que cada vez más la siento alejarse, reclamando con ansias un pasado que he olvidado, me he alejado de mi tiempo presente, siendo incapaz de reconocerme en él o de gozarlo con plenitud así entonces vivo entre golpes de pecho queriendo para mi un nuevo sueño, sufriendo por sentirme culpable, teniéndolo todo para gozar de esta realidad y estármela perdiendo, perdiendo refugiado en un lugar que he olvidado y que retorna a mi como trastorno de una cámara-sueño que registró las cosas sin una temporalidad fija y por ello, todo convive y salta, y ese estrepitoso movimiento me deleita, me agobia, me excita y me agota, lo suficiente para suspenderme de este mundo, esto que llamamos real, que se me presenta cada vez como anestesia de mis pensamientos y de mis sentimientos,

Es el mundo que estoy perdiendo por un yo que me he encargado de refundir, por un presente que me ha tomado ventaja, por un pasado que retorna con estrépito salto en el sueño, como droga que me irrealiza la ficción que entre lo real reclamo y que anestesia todo lo que mi conciencia reclama para un tiempo que no fue dispuesta.

Juan Henao

1 comentario:

Viviana Chisacá dijo...

¡Quizás!... de ese supuesto que retiene la ensoñación en la gula del descenso hacia la vigilia y el ascenso al sueño, se mezclan increíblemente largos retazos de imágenes que vistosamente sugieren conciencia de tono, color, casi olor hablante. Disfruto de éstos sueños que revientan en la mañana (sin marcación de soles) y la escritura que intenta contraer y contener secuencias inconexas y paisajes vagabundos en la abstracción del lenguaje. ¡Quizás! ahí la desventura de la existencia humana que no conoce, entonces crea.

Somos un poco de memoria y un poco de olvido como dice Borges; la tentativa de calificarle (ser) siempre conduce a un laberinto infinito.