Salía yo despavorido luego de mojarme el pelo, y llenarme de olores, con agua y vapor. Dos desafortunados encuentros, una exnovia que sigue agobiando con su recuerdo, seguro es normal y otra chica que en la lejanía me dice cosas serias.
Cosita seria pensaba yo recordando viejos amores. Y tomé rápido el coletivo, pero la noche mostraba sus dientes. Primero con dos viejos borrachos sentados atrás mío pidiéndose disculpas con esas voces de viejo con garganta gastada de tanto cigarrillo, mientras como todo viejo, le miraban el culo a las princesitas que temprano en la noche se apresuraban a sus primeras citas, o no tan primeras.
Y allí iba yo, fuera de moda, vestido de a cuadros, con la mirada fija y penetrante en la ruta sin dejar de escuchar a los viejos, que hablaban de cuanta pizzería veían en corrientes, bajé, entre a la casa con rapidez como con un temor a ser tomado por la calle y adentro el ambiente era acogedor. Con todo el estereotipo conocido que lleva consigo esa palabra.
Me ofrecieron una cerveza que rechacé por antibióticos y en su lugar preparé una tonelada de café. Llegó una amiga, muy linda ella a quien le di un abrazo nostálgico, largo y fuerte diciéndole no se si nos volvamos a ver característica melodramática de mis inviernos y de mi ser fatalista. Ella me miró con unos ojos de porro, entre la ternura y la risa.
Más tarde hubo boxeo, en una pantalla chica, los peleadores duraban lo que las chicas que bailan en el programa de tinelli, más divertido, en esencia no me parecía muy distinto, unas pobres reflexiones vinieron a mi cabeza. "Trabajar de boxeador y de actor porno" son dos oficios a los cuales se somete el propio cuerpo en una técnica a ser aprendida con la cual no se si sería capaz de lidiar.
UN borracho divertido me grito a mi y los otros, marica tu, marico yo, marica todos...., citaba alguna divertida canción, me reí de él y luego me reí con él, era un tipo divertido, le estimaba su elocuencia alcohólica, parecía llevarnos a todos a su situación con completa comodidad.
Sonaba salsa, una muy buena y comencé a bailar con mi amiga, teníamos que despedirnos de esa manera, de inmediato aquel chico tomado sacó a una porteña sueca que supo seguirle el paso y al paso sus palabras que Colombianas no tenían nada que despreciarle al famoso chamullo porteño, lo cito "Solo tienes que sentir la música en tu sangre, no mires los pies"
Y así sucedía, el estaba conectado, poco a poco nos conectaba y antes de sentir que no me podría ya desconectar salí huyendo como antes había salido también al lugar.
De vuelta mucha gente en la calle, un sábado de fiesta, la noche seguía afilando sus dientes. El colectivo y otro par de viejos en él, estos menos tomados, más elegantes, la ida, un par de muchachitas se subieron también, con una cerveza escondida y sus jeans apretados que les ormaba sus colitas vírgenes, esas que eran muy someramente miradas por los viejos, las niñas me miraban, sus miradas prometían más de lo que podrían ofrecer. Así seguramente, pensaba yo, era yo a su edad, se bajaron y así subieron otros y bajaron otros, incluídos los viejos.
Acertadamente uno de ellos que leía a esas horas un libro que no alcancé a reconocer, muy acertadamente dijo
!!!!QUE BELLA NOCHE!!!!!!
Me bajé y huyéndole nuevamente a la calle, pasé por mi cuadra de zapatos en los cables y entre a mi cueva, que me esperaba caliente. Justo una cita con El cuarto do banda
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