El final de una jornada.
Pareciera que al terminar siempre tendiera a volver al principio, como un mal que jamás he abandonado del cine clásico, cerrar lo que al comienzo se gesta.
Y fue precisamente en el final que alguien me hizo ver lo lejos que estaba de mis verdaderos propósito y lo mucho que me había acercado en otros tantos. Sucedió, cuando le dije que estaba interesado en la filosofía, él me preguntó ¿Y qué problemas de la filosofía te interesan? Le respondí apenas un par, sin saber si hacían parte o no de los problemas que trata la filosofía. Le dije que me preguntaba por la representación que el hombre se hace del mundo, las imágenes que construye y lo que construye con esas imágenes, le dije que me preguntaba por el tratamiento que el hombre le da a la memoria, como representa su memoria o que de su memoria representa y no pude decirle más, pero su pregunta aunque era totalmente indirecta me llevó a preguntarme por los verdaderos interrogantes en mi vida, que preguntas me hago, o con que preguntas fabrico mis películas.
Qué preguntas me definen, sé que hay algo que siempre me ha inquietado y es que mis películas nunca están al alcance de mis enunciados, siempre hablo más de lo que muestro, la frase de muchos profesores y compañeros después de ver mis trabajos “Eso no se ve en la imagen”, se volvió repetitiva para mi es como si mis películas fueran los restos de una buena idea, donde en muchos casos la idea incluso no se ve tampoco, y no sé que es lo que falla, la brecha entre escribir, grabar y montar depende de muchos factores, hay que estar demasiado atento, demasiado despierto, y casi como si uno tuviera que expulsarlo todo, sobrepasarlo todo, es extraño, pero cada vez que grabo me siento indiscreto, como si lo que hiciera, lo que filmara no lo valiera, como si la imagen que le estoy devolviendo al mundo no fuera lo suficientemente fuerte para ser mirada por otros y es algo que confirmo en el montaje cuando siempre estoy tratando de encontrar la película entre los restos del rodaje, por más de que muchos me han incentivado a exhibir mis trabajos a perderle el miedo a ello, a abrir discusiones al respecto, las decepciones son agotadoras, además porque soy el primer frustrado en reconocer las fallas y no saber mejorarlas, es uno de esos extraños fracasos con los que lidio a diario, es como si se le pidiera a un analfabeta que hablara sobre los errores sintácticos que nota en un póster , cuando solo tienes la capacidad y la preparación para ver algo, lo que se escapa es tan fuerte que te devuelve con fuerza una gran verdad, “Solo puedes saber que no sabes nada”, en otras palabras eres un ignorante, así me siento cada vez que escribo, que filmo, que monto.
¿Por qué filmo entonces, por qué carajos, es la única cosa que me veo haciendo en la vida? Puedo empezar diciendo que la pasión de la traducción de mundos insospechados a través del recorte del espacio, del cuerpo y del tiempo permiten una lectura y una reflexión sobre el hombre y su mundo, tanto virtual como real, que me es imposible evadir, es decir, no encuentro un medio que me pida más, o que demande más de mi, con el cual me sienta más a gusto, más adentro, quiero devolverle en films, la vida que otros films le han devuelto a la mía. Es un sin fin de recursos, tantos y tan variados que es una carta abierta a perderte y encontrarte, a meterse uno adentro.
Pero entonces, volvemos a las preguntas del inicio, ¿Qué preguntas te quieres hacer? Y reconozco que ante todo de lo que carezco son de incógnitas, he pensado en varias interesantes que no dejan de serme muy ajenas, como puede ser la pregunta por una posible imagen que hable del secuestro, del secuestro de alguien que lleva 9 años secuestrado es decir que prácticamente su vida se le volvió eso, toda una década, expulsado, alejado, como llevar eso, ese periodo de tiempo a la imagen, a una obra a un film, como hablar a través del cine de la ausencia, se me ocurre discutir con Antonioni, pero me di cuenta que ese tipo de ausencia es distinta, quizá solo un Colombiano sabe lo que es estar tanto tiempo ausente de si mismo y de su país adentro de su mismo país, viviendo en su mismo país, e igualmente es una de las inquietudes que me cuesta y con la que me siento aún muy ajeno para abordar con la seriedad y la entrega que merece. Se me ocurrió preguntarme por el miedo, porqué el Colombiano es tan temerario, tan temido y vive con tanto temor, lugar que me llevo a sostener que ante todo la vergüenza y el conflicto, el hecho de la impunidad nos han hecho desconfiados y con la desconfianza perdimos la poca seguridad sobre nosotros, “seguridad” palabra que los gobiernos se han encargado de hacer incómoda, sin embargo el temor también lo sentí un problema demasiado lejos de mis actuales posibilidades, pensé entonces en problemas más cercanos, revisar mi vida, hablar de mis amores como muchos otros han hecho, pero me di cuenta que hablar de ello involucraría hablar de toda un contexto y una sociedad que me constituye, y poco a poco de problema en problema y con el gusto por hacer cine y la necesidad, no solo de hacerlo, sino de hacerlo bien, me di cuenta que entre preocuparme por las lecturas y las películas había dejado de preguntarme cosas, había dejado de obsesionarme con el mundo, de vivirlo, de llenarlo de mi experiencia, que le había huido, a donde, a las salas, a las lecturas, al pensamiento.
Eso no quita la posibilidad de que se sigan haciendo películas, pero ¿Qué tipo de películas, que tipo de obra? Quizá obra muerta, obra acabada ya en el montaje, nada con la vitalidad que pueda adquirir vida propia, sino obra que pida y exija un acompañamiento, cuando algo así sucede se esta equivocado, cuando una obra requiere compañía para que de ella surja algo no vale la pena, la obra debe tener un sustento tal, que sea capaz de sostenerse por ella misma, debe ser tan grande que sea capaz de hacer tan participe al espectador como al autor, debe tener una potencia de proyección, igual o mayor a la de creación.
Y me hallé con un gran avance y una nueva verdad, se necesita tener serios problemas para hacer cine, allí adquirió sentido, lo que de muchos directores se decía después de ver sus films, “Ese tipo tiene grandes problemas” y así se diga en broma, es cierto, es difícil poner en escena serios problemas, no porque poner en escena sea difícil, sino porque tratar un problema es un tema serio y hacer del problema un film es algo más serio todavía, son pocos los autores tan honestos que han hecho obras que comprendan ese reto. Reto que aún me pregunto si estoy dispuesto a asumir, al menos la verdad ya me fue lanzada, queda faltándole mi respuesta, y así como empecé este escrito, lo finalizo.
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