jueves, 13 de diciembre de 2007

Diarios de Borrachera 1

Diarios de borrachera

1

2:50 de la mañana, varias cervezas y una fallida reunión de billar, no se cual sea el balance de la noche, quizá se podría resumir en: Solitaria, a punta de cerveza, en un billar de mediana categoría, en corrientes.

Después de Llamar a muchas mujeres en busca de mendigar un poco de compañía, cuando me vi frente a la realidad de la soledad de la que me tenía que disponer a disfrutar, me nació la idea de escribir estos diarios, en esta serie de estados repetidos de los que vengo por estas fechas navideñas. Y este como el primeo de ellos.

Brracheras constantes y solitarias, en una suerte de estado estilo Bockowski, lejos del extremismo y de la sociedad que a él le toco vivir, mi producción literaria será igualmente más sumisa y modesta, con este breve relato.

La primera digna y extraña reflexión que alcancé, fue, tras una fallida búsqueda de una interesante mujer fotógrafa, reflexionar sobre el billar y la fotografía, ambas, disciplinas que implican un alto nivel de anticipación, con las luces en el set, con la siguiente tacada en el billar, el famoso “Aprender a recoger”. El funcionamiento de un rodaje depende mucho de las posiciones de la luz, que le permiten al camarógrafo deambular con la cámara de un plano a otro sin perder tiempo y sin cortar demasiado el mood actoral (lenguaje muy basto, grosero y reducido, que aquí me permito, por el estado en que me encuentro y la rapidez que me exige el mismo) y que en la tacada implica, el cálculo exacto para que la siguiente tacada sea más sencilla y así sucesivamente.

Me di cuenta entonces, que no solo el cine es posible de ser ligado a varias disciplinas si uno se fuerza a hacerlo, sino que estoy enfermo de él y obviamente que son las mujeres las que me invitan a ello. No fueron muchas cervezas, pero las suficientes para darme cuenta que iba a llegar a mi casa con mucha torpeza. Y que lejos de jugarme una buena tacada, era la tacada o el billar el que me iba a jugar a mi, una interesante partida. De tanto observar un lugar es el lugar el que te termina devolviendo una mirada, quizás por mi estado ante todo una mirada forzada.

Y así fue, esperé un colectivo más tiempo que el que me hubiera tomado ir caminando, y me quedé sentado como un boludo al lado de mi mesa de tres bandas, mirando y observando al resto de muchachos que jugaban y mecían sus tacos, en la distancia me di cuenta lo vacía y banal que era esta actividad para ellos, no seducía, no emocionaba, no inspiraba, o al menos eso me revela la superficie, solo una pareja (padre e hijo) la única que jugaba billar, porque en Buenos Aires solo hay pool, entablaron una dinámica harto extraña, eran o parecían padre e hijo, recuerdo inevitable con mi propia historia y por ende ligazón emocional que tanto nos gusta a los borrachos identificar y por ende mi pareja favorita, jugaban mal y extraño, pues aunque fuera billar jugaban con cuatro bolas y no tres que es lo normal pero la pasaban bien, competían, se arriesgaban, discutían las jugadas, pensaban, se hacían preguntas y chistes, aplaudían las tacadas contrarias, estaban realmente metidos en el juego y yo en mi distancia pensaba siempre como meterme también, aunque no quería interferir con lo que alcanzaban, o lo que yo alcanzaba a ver de ellos. Me hice cerca, muy cerca de ellos y los seguí observando mientras mi vaso de cerveza se iba consumiendo.

Al final cuando salieron me acerqué al padre y le pedí un cigarrillo, él, que seguro me había visto observándole largo tiempo, me preguntó si me quedaba, sin pensarlo le dije que sí, y me extendió entonces otro cigarrillo, en un gesto de amabilidad inconfundible, y que en mi estado agradecí con igual amabilidad.

Me despedí del “Mozo” un tipo raro que cuando le pedí la mesa recuerdo que me dijo “Esta es solo para profesionales” seguro para intimidarme o porque no tiene ni idea lo que un profesional billarista es. El caso es que la mesa era fatal, y mi tacada estaba a su altura, la práctica hace al maestro y acá la he perdido toda.

Perdí tanto la tacada como un extraño tiempo al que le tenía muchas expectativas y me fuí, dándome cuenta poco a poco que más que cualquier cosa somos lo que pensamos, lo que hablamos y lo que accionamos, y que la sociedad en la que vivimos nos obliga a siempre tener que ser excesivos en las tres. Siempre pide acción pensamiento y palabra, cuando estamos en un mundo, y eso lo percibí en el billar, de acciones repetidas, palabras gastadas, y pensamientos vagos. Fueron un par de cervezas y un par de cigarros, pero salí a hacer lo único que quizás salve esta noche, este relato, del cual espero, cual buen borracho, no arrepentirme de lo aquí escrito, o de lo aquí dicho. Aunque no dejo de sentir, que será tan vago y tan gastado como lo mismo que este texto pretende discutir.

Es difícil vivir con uno mismo, seguir el pensamiento con la palabra y la palabra con la acción pues nunca se sabe, cuando una se vuelve contra la otra para borrarla, quizá este escrito sea tan superfluo, como el tiempo en que se consumieron mis cervezas, entre miradas y vagas reflexiones. Sin embargo es mejor dejar siquiera un testimonio y poder volver después con la sobriedad o con la vejez, sobre la nostalgia de estos momentos.

No hay comentarios: