domingo, 2 de agosto de 2009

Angustia a mi tía

Paisajes esperando pasos torpes para ser anunciados por poblados.

Argumentos insuficientes sobre campos cubiertos de nostalgia.

Palabras ausentes de tiempo entre dicho sobre contacto directo con su decir.

Tiempo no mío, ser de ausencias, de despertares en vacío, de flores de otra estación, de armazones caparazones demasiado fuertes incapaces de espejismos.

Nubes, con fragancia, mirando a las pisadas recorrer un tiempo robado, que no es para ellas, palabras desorbitadas, desorbitantes, anhelantes y espaciadas, colgando sobre hilos de silencio, desvanándose unas tras otras, entre las pausas.

Recorrido muerto y poco triunfante de saberes heredados, de torpes repeticiones, de retribuciones perecederas, de falsos anhelos, de batallas perdidas, de momentos muertos.

Existencia turbulenta infecunda, infectada, por un aire quizás nauseabundo, un poco a mar un poco a anhelo, destello de fogosidad no bien recibida, palabras todas ellas gastadas que ya perdieron la batalla con el silencio, frases demasiado dichas, cargadas de un sentimiento cada vez más atornillador.

Herramientas del deseo dispuestas a sujetarse por bordadores inexpertos de hilos de silencio, amor corresponsal, traído en papelitos sin usar higiene mal armada, mal llamada de un alma que quiere escaparse.

Cabeza sin rumbo, sentimiento lleno y maltrecho de si mismo, páginas en blanco, llenas de palabras ensordecedoras hacia adentro, gritos bien oídos, demasiado por si mismos, llamados ecos de pulmones con cigarro.

Finalmente, opresión en un cuello de talco armado de sendas fecundas, tiempos entre palabras faltantes, palabras ausentes de si mismas, parientes asesinados por lenguajes impíos entre momentos diversos, mar de incoherencias, letanías insuficientes, verbos gastados sustantivos imprecisos, paradigmas olvidados, cada vez más capas, cebollas y café, cafecito negro y veloz, desarrollos eteéreos, falsos amigos los monemas, enemigos de todo lo claro, de todo lo certero, de repente destructores de verdades, profanadores de certezas pobres de párrafos extensos, repetitivos de diccionarios convencionalizados.

Ensayos, poemas, escritos.

verborrea de palabras texto masturbatorio de horas tardías, tiempos de inquietud, de plenitud, de desconfianza, vida chica, vida vivida, vida pasada poco pensada, de trapitos al sol de mujeres desnudas, de sexo inlogrado, de sueños maltrechos, de mal sabor en la boca, de mocos y gargantas congestionadas, velocidades diversas, alcoholes y otros, programadores de perdiciones, perdedores de batallas anteriores, gastados, todos muriendo, poco a poco, en un eterno sueño, en una pesadilla, vivida afueras de un género complicado, luz centelleante que reemplaza nuestras pupilas, conos enfermos de paraísos torpes, llaves escondidas, entre teclas que respiran solas.

Desechos de bar somnoliento entre mudanzas de pensamiento, desechos de hombres tigre, en panzas de principitos comidos por elefantes, comidos por serpientes, comidos por palabras, devorados, digeridos, devueltos, en vasos cortantes, entre cocktails de pasiones enfermas, de gastos de gasto, de resto, restos, resto de restos.

Cada vez más páginas a destiempos imprecisos, cabeza con velocidad de borradura, negro sobre blanco en mares de información con secretos de código, perdigones, en malhumorados éxtasis, de penicilina barata entre comida de perros.

Fangosos artefactos, de premodernidades corregidas, de saberes más que anexos, y de ortografía anunciada por venir, antecedes penales de un sustantivo entre revoluciones de predicados de vivencias ajenas.

Lejanuras, llamadas llanuras y lagunas mentales que recogen a la noche siempre a las 4 la noche y el día en un mismo platico plástico, como en la canción.

Ritmos que hacen casar palabras, juegos de tetris y asciaciones veloces, baratas transformaciones exactas, imprecisas, alejamientos sin querer, distancias no pedidas entre sintagmas.

Novela, poema, escrito.

Enfermedades de aquí y de allá, palabras para nombrarlo todo ausencia de un algo, dicen cualquier cosa, eso mismo escribe con nombre de piedra y alma silente, con vacío gastado con rapidez demoledora, de préstamo de sueño, de mejillas rosadas, piel curtida y alma repuesta por antibióticos.

Viajes y más viajes, pantallas devolutivas, taza desocupada, con un juguito insípido, amarillo, nuevamente mar de incoherencias, y baratijas en un momento largo, mismo e igual, de posmodernidades, tiempos de resto, resto de tiempos. Una mujer esperando, mil escaparates mirando y otros cuantos espejos al incógnito de una presencia sombría, de algo aún por decir, de todo menos dicho, moteles sin memorias, angustia esta, angustia mía.

Angustia, acróstico de pesares, de….., sin miedo, que viene, retazos de pasto rallado, entre vocales de clave entre gargantas, cada vez la carraspera, de lleno entre dolidos episodios de jorobados robados.

Cada vez más incoherencias.
Cada vez más incoherencias.
Cada vez menos incoherencias.
Cada vez menos incoherencias.

Menos palabras gastadas
Menos mares poblados de ausencia barata
Menos mal acabando presos con procedimientos tepranos
Demasiado tempranos.

Acabando así con algo cercano a ser llamado y reconocido como angustia inexplicable, inaudible con tintes de color náufrago, y compañero en momentos que no siguen a las palabras, a contracorriente, de una fuerte imprecisión, del secreto de expertos, de la falla de los no sabidos y no nombrados.

Así me llena esta palabrita sin razón, sin significado y sin sueño.

No hay comentarios: