Por diversas razones que no nos interesa ni al lector(es) leer ni al escritor exponer, me encuentro escribiendo este texto en el momento más íntimo que conozco, la noche, lo cual es ya redundante y un mal comienzo pero seguiré.
Por encima de la hora y de la fecha, un día antes de su entrega, llevo pensando un buen tiempo aquello que hace 8 días la voz de un Ruso, o eso me lo pareció, quería cuestionarme, algo que ya me sonaba harto viejo, la “Intimidad”. La clase tenía unos visos de seriedad y exclusividad que fueron de repente arrojados (por pensar rápidamente en algún eufemismo) hacia un extraño (otro eufemismo) lugar cuando la consigna fue escribir algo completamente libre sobre la intimidad en una carilla. (Quizás conociendo el posible lector, este texto no esté mejorando pero seguiré).
Cuando las consignas parecen tan simples se hacen más complicadas (Lo anterior quizás en defensa de Pablo César). Me puse a pensar si debía definir la Intimidad citando a algunos autores y haciendo previas investigaciones y explicaciones al respecto o si por el contrario debía escribir aquello que me movía la palabra desde mi lenguaje, que realmente no es mío sino que me he olvidado las citas que lo componen. Preferí la segunda opción más movido por el concepto a interrogar que por la comodidad de hablar desde el lugar ya conocido.
Lo que reiterativamente fue a mi mente es que ante todo la intimidad es un lugar oscuro, suele ser siempre oscura, suele ser siempre secreta, privada, y del orden de lo exclusivo. A lo largo de los años por motivos que desconozco y que no me atrevo a poner en el bisturí de algún psicólogo suelo hablar mucho de esos lugares oscuros, íntimos, secretos, privados, y expongo con facilidad lo que para el común de los hombres se conoce como “vida privada”. Tengo la falta de cortesía y la indelicadeza de hablar sobre mis relaciones sexuales y de preguntar a otros por las suyas, de poner temas que en general se consideran indecorosos o escabrosos y que hacen que uno y otro en el diálogo se ruboricen. He escuchado muchas veces la frase “No seas un desubicado” pero algo me mueve a dialogar sobre esos temas que me impide callar.
Siento que todo aquello que se hace en soledad, de lo que se suele hablar muy poco y que suele ser indecoroso o difícil de enseñar, es un lugar íntimo.
Mi intimidad es algo que si bien públicamente no practico si públicamente divulgo, ahora bien hay un lugar que me he ido dando cuenta que se hace en mi vida cada vez más íntimo, porque la intimidad no es solo innata también se gana y se conquista .
Estuve pensado en acciones como cagar, coger, leer, bañarse y algunas otras que suelo hacer de manera íntima bajo la consigna arriba expuesta en negrilla, pero de todas ellas una en particular me ha inquietado en profundidad en este último tiempo y es soñar. Siempre que sueño es un lugar plenamente mío, un lugar completamente oscuro, privado, secreto que nadie me ha enseñado aunque nada tendría de indecoroso pero del que se suele hablar mucho y por ende se entiende muy poco.
Sueño y recuerdo, en los sueños lo recuerdo casi todo, olores, colores, texturas, personas, lugares, acciones, tiempos, palabras y los expongo. Cuando mis interlocutores me interpelan al respecto noto en ellos que como yo, no han comprendido mi sueño, que más les ha cautivado la capacidad de crear imágenes que las imágenes en si mismas, y que de cierta forma no solo soy un desubicado sino que alguna tuerca también se me ha podido zafar (o safar)
El sueño es un lugar de intimidad al que quizás se le puede pensar un corolario en la vida despierta con el cine, que sin mucho equívoco podríamos sostener también, es un lugar de intimidad, los paralelismo sobran y los auténticos autores como Lynch han sabido hacerse del anterior enunciado. El sueño provoca en uno, al mismo tiempo los temores, revueltos con frases del día, con miedos y personas vistas o no vistas y que se va a lugares donde la memoria se dirige y se refunde movida por no se sabe bien que cosa. Que me perdone Freud si me equivoco, yo hablo desde mi experiencia, que será poca pero que no por ello pierde en riqueza.
Muchas veces se habla de un cine realista, que habla solo de la vida despierta, cosa que nunca he terminado de entender, antes que nada aclarar que nada más falso que el cine y que el realismo es solo una convención para poder hablar de algo bajo unos mismos patrones, pero que con la palabra en si no se puede hacer mucho más, pero también, tan falso como la vida, que está realmente llena de máscaras y de historias prefabricadas y repetidas, ¿Somos nosotros los que somos un film, nos vemos como en un film, soñamos como en un film?
Yo, por ejemplo, y esto no se debe enteramente a que sea un cinéfilo, sueño en planos, sueño en plano general, con tomas en picado o contrapicado, a veces me veo desde afuera a veces parezco ser una subjetiva en traveling, hago montajes que explicarían las extrañas mezclas de Burch del espacio-tiempo etc. Es decir, el cine se revela en mi con su fuerza en mis sueños, porque allí conviven sus dos intimidades y aún más importante por que nací con él, bajo su manto como una madre de la cual es imposible deshacerse.
En el sueño el cine cobra vida, se toma revancha y me hace su presa, me dirige, me envuelve e indirectamente (o inconscientemente como prefieran los conocidos en el tema) me hace ser director de mi propio film, de mi propio delirio, realizando todo el circuito de producción, soy realizador y espectador al mismo tiempo en una función privada. Expuesto y hablado el delirio, no es otra cosa que eso, como está enunciado en estas hojas, porque si el cine es un lugar, si el despertar es un lugar y el dormir otro, el sueño también merece su categoría propia. Tiene su vida propia, con sus propias reglas pero es algo tan íntimo que si bien todos soñamos no lo hacemos de la misma forma, no es algo que se halla enseñado y no es algo fácil de aprender o algo fácil de enunciar.
En mi caso la intimidad que más me interesa es el sueño, que hace parte de otra serie de lugares que componen esa red llamada intimidad que es más compleja y que requeriría de más de algunas hojas poder pensar en este breve escrito.
Concluyo entonces este breve texto con una prueba. Leer la anterior entrada "Mi Vagancia" Si es que no se han aburrido aún
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