lunes, 22 de marzo de 2010

MI VAGANCIA

Dicen que la vida de estudiante es la mejor, y quizás sea verdad y el siguiente relato de prueba de ello:

Los estudiantes son una clase particular privilegiada que o bien solo estudian o estudian y trabajan, moviéndose con cierta irresponsabilidad entre las demandas de la institución con la conyugan y sus demandas propias a cuyo saber se han entregado.

La vagancia es una parte importante en la vida de todo estudiante, aquel en el que pesa mucho, jamás llegará a concluir sus estudios, aquel en el que no se siente su peso, será el estudiante modelo que toda institución exhibirá como premio y mérito de lo que es capaz de crear.

Ahora, son muchos los tipos de vagancia, que acompañan muchos tipos de estudiante, es diferente la vagancia de aquellos que estudian artes que de aquellos que son médicos, es distinta la vagancia de los filósofos que de los arquitectos, de los ricos que de los pobres, de los que estudian en jornada nocturna que de los que hacen jornada diurna de los que trabajan que de los que no y así con muchas variables, por lo cual hablaré de la mía en particular, el sueño.

El sueño es en mi vida, aquel remoto lugar, en el cual siempre puedo con mi inconsciente crear las imágenes y verlas sorprendido al mismo tiempo. Siendo un estudiante de cine, es como si a la vez que hiciera la película, la viviera desde adentro y fuera su único espectador, el sueño me ha devuelto mundos inimaginables y me entregado a su adictiva forma a tal punto de haber ya escrito varios textos titulados “15 horas de sueño”. Mi vagancia, cada quien tiene la suya, me hace dormir, dormir para ver las películas que quiero, estar en ellas, perderme en su refugio y verlo al mismo tiempo, lo único que el sueño nunca me ha permitido con las imágenes que me devuelve es entenderlas y entonces el sueño se vuelve un extraño lugar donde solo puedo percibir, es como una droga que no puedes explicar pero que no te deja abandonar su estado.

¿Le temo a soñar? No realmente, le temo a no querer despertar, ya que la fuerza de estas imágenes es tal y tan personal que una y otra vez aplazo la alarma hasta encontrarme con que el día a renunciado a la noche y yo con él. Me levanto muchas veces del agotamiento de soñar, me castigo por supuesto pues he cedido a mi vagancia y porque no tengo como recuperar ese sueño soñado, ese es quizás el castigo más difícil que viene del sueño mismo. El sueño por más vívido que halla sido es imposible de dar a conocer, de compartir con otros, mi vagancia entonces es solo para mi, no es la vagancia de otros que se comparte en las fiestas, en el trago, en deportes, en las novelas, en lo que sea, la mía es una actividad tan singular y cuya recepción es tan personal que no hay forma de compartirla, nadie capaz de entrar nadie con quien poder compartir. ¿Cómo le describes un color a un ciego? Como le cuentas un sueño a alguien que no sabes como sueña, que no sabes lo que sueña, que no entiende tus imágenes. Entonces tan solo se puede hablar de lo anecdótico, de todo lo que uno recuerda entre nombres, lugares, acciones y tiempos revueltos, todo cuanto aconteció quizás en un orden no tan preciso.

Siempre que releo mis textos de sueños me doy cuenta que algo falta, que los relatos dan cuenta no solo de mi ineptitud para escribir, mi falta de lenguaje y de metáfora para la exactitud sino de la imposibilidad de ciertos estados, sensaciones y conexiones que no conocen aún su reverso en el diccionario.

Así pues brevemente y con la salvedad antes expuesta les comparto mi última vagancia titulada “Como conocí a Zizek y a la señorita Arendt”.

Si bien dormí bastante y me levanté bastantes veces para lograr retomar el sueño que había abandonado al despertar, acción que debido a la dedicación a mi vagancia me he visto capaz de realizar, es bastante poco y extraño lo que recuerdo de este particular sueño

Todo empieza en un pueblo extraño, una especie de lugar similar a Bogotá, con una arquitectura cercana a la candelaria y a baños de agua santa en Ecuador pero con los cerros un tanto más altos, y empinados. No se porque había amenaza de que la guerrilla entonces estaba en la ciudad y en un bus nos embarcábamos para salir de ella y ¡oh sorpresa que saliendo hacia los cerros veíamos explosiones que se escuchaban demasiado duro pero que a nuestra alejada vista solo llegaba el humo, sin saber porque, seguíamos andando hacia allá, nadie decía nada, quizás queríamos estar más cerca, ver lo que sucedía y acercándonos entonces veíamos un puesto militar que no sabíamos si nos iba a tomar como el enemigo al verlos, dimos media vuelta y un poco más lejos nos bajamos del bus, los militares nos habían visto y entonces pensamos que nos perseguirían, no debíamos estar ahí y el sueño tampoco me había dado un papel muy claro, solo veía que las explosiones y los morteros de los militares seguían funcionando.

Subí un poco a los cerros y mirando que no me siguieran detuve mis ojos atentamente en las montañas, donde ví que un grupo de hombres bajaban cubriéndose con ramas aún no divisados por los militares, antecediendo lo que se venía, me dispuse a bajar de vuelta hacia la calle, bajé y bajé y al llegar a esta me encontré entre un grupo de hombres que no conocía, de botas y camisas hechas trapo, caminaban un tanto resignados y yo no entendía muy bien porque, entonces me di cuenta de que me encontraba entre los subversivos y corrí hasta el puesto militar, un soldado a lejos disparó una ráfaga al suelo a unos metros de mi, quedé paralizado, me pidió que subiera las manos y que me acercara, una vez en frente suyo me lanzó al suelo me patió y abrió mi maleta, solo vio cosas de estudiante mientras yo le decía que se había equivocado de persona, me incorporó y entonces tuve en frente mío un imagen muy extraña, los subversivos capturados a un lado vendados y los militares ahora con bayonetas del otro lado también vendados, la idea era soltar a los subversivos con las vendas y a los militares con las vendas y las vayonetas y que se encontraran en el medio, la suerte decidiría quienes vivirían, vi como militares ensartaban sin cesar sus vayonetas en los subversivos, pero aún vendados nunca las ensartaban en los otros militares una vez con mis ojos habiendo comprendido el incomprendido juego uno de los militares se acercaba hacia dos mujeres que estaba muy cerca de mí, entonces empujé a una y a la otra le dije que se fuera por su derecha y no dejara de correr, quizás hable demasiado fuerte y el extraño juego paró por mi intervención y me llevaron a una cabaña.

Era una cabaña extraña quizás detrás de los cerros pero que daba al mar, un lugar harto extraño, por unos huecos veíamos en la casa vecina como un abuelo jugaba con su pequeña niña ignorando lo que sucedía o podía llegar a suceder ahí adentro. No se cómo sabía que era su abuelo pero el juego parecía demasiado familiar para pensar o contrario

La cabaña era más bien desolada con gente muy aburrida adentro y también muy dolida, sin embargo tenía un aire familiar el lugar, entre las cosas que observé había un pequeño futbolín, hecho trizas quizás pero algo le funcionaba y en lugar de una pelota tendría alguna especie de artesanía latinoamericana que no se dejaba patear muy bien, solo un tipo que harto detesto, se animó a jugar conmigo, además de que el tipo parecía ser el dueño del juego, jugamos varias veces pero yo parecía ser demasiado malo con el futbolín, en un momento la pelota sale, si se le puede llamar así a aquella artesanía y fuí a recogerla, al volver me encuentro con que aquel con quien combatía en el partido ya no estaba sentado frente a mi sino a mi lado y de frente veo a dos personas que toman sus posiciones en el futbolín contra nosotros, la gente esta rodeándonos y parecía todo convertirse en esa pequeña cabaña en un juego importante, yo miraba bien a nuestra pareja de competidores y le decía: Bueno señorita y señor Zizek jueguen ustedes dos, la gente se reía de mi porque creían que no me había dado cuenta que la señorita no era otra que Hanna Arendt pero ahí mismo corregí y dije ya que entonces no me acordaba su nombre, voy a meterle un gol señorita Hanna, ella tenía sus maniobras del futbolín en la defensa, y mi compañero defendía nuestro arco mientras Zizek lo atacaba, no me acuerdo si llegamos a jugar o no pero de pronto salí escapándome por una ventana. Veía los cerros al lado, la ciudad abajo situada por el mar y un sendero de hierba improvizado muy campesino que bajaba hacia ella. Varios hombres pasaban y yo creía que me iban a robar, a matar a reconocer, y caminaba con temor. De pronto me doy cuenta que rodeo la casa vecina y que el viejo y la niña siguen jugando una especie de tenis en miniatura, a la niña se le escapa la pelota, esta rueda, pasa cerca de mi pero no me animo a cogerla y llega hasta un alambrado de púas quedando apenas en unos florecientes cultivos, abro la alambrada pero entonces toda la hierba parece mirarme, incluso el cielo y las nubes como advirtiendo que hay un límite que no debo cruzar, la niña me mira seria como si estuviera esperando que yo entrara y pasara no se que cosa, pero no entro, sigo el sendero bajando hacia la ciudad.

Suena nuevamente el despertador y me levanto ya no es hora para ir a mi primera clase de inglés, así que improvizo un almuerzo y me siento a escribirles esto y de cierta forma compartirles algo de mi vagancia y que ustedes me devuelvan algo de la interpretación que crean, para que nos juntemos en una vagancia común.

Pueden compartirme también sus sueños.

1 comentario:

nose dijo...

al menos no te falta lo más importante: soñar.

abrazos lejanos pero fuertes