El tipo, el tipo se arregla muy bien, o no tanto, pero cree hacerlo, espera hasta el último minuto, se engaña a sí mismo diciendo que no quiere ser puntual, simplemente tiene miedo de qué al ir a su encuentro, lo rechacen aunque de que lo aprueben también.
Y sale un tanto añejado, de saco, buso de cuello largo y lentes, para ver la guía t y saber así donde se tiene que bajar o simplemente porque cree que le pueden dar un toque más intelectual o un poco por ambas razones. Ahí va llegando a un lugar que convoca muchos fantasmas, varios personajes variopintos de algunas organizaciones a quienes comienza a frecuentar, están todos ahí, con sus mejores o peores galas, la cosa sucede en Humahuaca, en la casona, el lugar curiosamente de su primer encuentro amoroso con una porteña, a lo que por supuesto quiere que le suceda, otra porteña amorosa también.
Pero esta vez es en la calle, en la casona solo venden la cerveza con la que espera pronto darse valor, en la calle hay gente, demasiada gente, más de la que quizás pueda soportar pero él se anima, saluda, pone su mejor cara y al no verla, por supuesto entre tanta gente, le manda un mensaje. "Estoy en la casona comprando un licor para nuestra noche", ella le responde "Estoy bajo la bandera del bachillerato popular". Solo hay una bandera en la inmensa calle y rápidamente se anima a buscarla, la ve arreglada, arregladísima, hermosa radiante y hablando con un tipo 10 años mayor que él, de pelo corto y una cola de caballo, piensa un momento y se dice a sí mismo "Está con alguien, no era una cita y nunca lo fue, todo estaba solamente en tu cabeza" se retira, se sabe no visto aunque sus ojos se cruzaron por un momento, pero no, no lo vio, ella no lo vio, así que comienza a alejarse, antes de irse piensa "hace tiempo que no salgo, la noche está linda, la fiesta en la calle está buena", decide entonces tomarse un trago, darse un par de shots de licor y volver decidido a su encuentro, es así que en el laberinto de fantasmas que lo rodean un poco más o menos hippies, más o menos informales se va acercando, hasta saludarla, con esa sonrisa de quien espera a alguien que quiere. un trago y les convida al resto. "Cuando se tienen pocas palabras para romper el hielo, mejor invitar una copa" piensa, lo presentan, él, unos años menor, conoce al inmenso grupo del profesorado, todos 10 años más o simplemente más viejos que él, pero se anima, solo conoce a uno de los convocados y eso lo anima un poco más, él comienza siendo el motivo de la charla, hablar del parrillero, de ahí al plomero, a los caños rotos en casa, a la rutina de los días etc etc, todo comienza a fluir de una extraña manera, la charla entonces gira más hacia esas cosas lindas y triviales que se comparten con un familiar y cada vez se alejan más y más de lo que él presumía su primer encuentro amoroso. Cómo sugerirle algo, como decirle que le gusta sin hacerlo, como evadir las cosas y sin embargo hacerlas manifiestas, se da cuenta que está bajo de ritmo, poco entrenado, ha perdido eso tan necesario en su arte que es velar las cosas, mostrar poco solo para mostrar mucho o lo suficiente, no, ante tal encuentro se haya desarmado, torpe, inseguro.
De repente en cierto momento de silencio ella invita a bailar, no a él por supuesto sería simplemente demasiado, invita en general, la noche ya parece en su caída y los integrantes con ganas de partir, así que ella se anima y él por supuesto la sigue. Sabe que ese toque suyo de bailarín que contradice un tanto el saco y las gafas puede darle un matiz diferente y arrojarse así a la barata confianza del baile y del roce, de los cuerpos cerquita, danzando y se anima más.
El grupo que toca es también del profesorado y entonces todos parecen ser del profesorado, más que todos muy parecidos lo cual podría presumirse así, es él quien comienza nuevamente a sentirse un extraño pero se anima, baila, gira, se mueve y ella se anima con él, le explica como bailan en su tierra, la abraza, la apreta pero las cosas siguen en ese aire familiar, se da cuenta de su torpeza, no sabe como acercarse más y mejor, piensa en desistir, en alguna disculpa, en darse por vencido, huir de ahí, saber rendirse ante los intentos, pero no tarda en abandonar la idea.
Ella quiere ir al baño y él también, la acompaña, siguen charlando en la fila de cosas interminables, interesantes, hasta entendibles, cosas incluso importantes pero que justamente no se dirigen a lo que él quiere, la fila es larga pero por alguna razón comienza a hacerse corta y las ganas más ganas. Con ganas de orinar nadie piensa al famoso pienso luego existo antecede el "orino, luego pienso y luego entonces existo", llega el momento, orina la una, orina el otro y la noche sigue, más cerveza, que siga el gasto, el gasto improductivo de Bataille y vaya que si lo comenzaba a ser en ese momento, vuelven con sus amigos del profesorado, con un par de tragos más se reanima a charlar con los otros, converza con el uno con el otro, a todos parece tener algo que decirles y algo que escucharles y vuelve constantemente a ella, quiere dejarle en claro que está ahí por ella, que fue por ella y que la verdad lo que más quisiera en el fondo es terminar con ella, ella por su parte es muy amiga, sinceramente amiga, envía señales demasiado confusas, no sabe si lo acerca, si lo aleja, si solo quiere ser diplomática con él, él con su disfraz encima y sus cartas jugadas, se anima, no le queda más la apuesta está echada y persiste en la noche.
Ya muy tarde deciden irse, él la acompaña, van hasta Córdoba a tomarse el colectivo, sabe que se tomaran el mismo así que la noche aún no termina, a la espera del colectivo sobreviene la ida en el colectivo y de ahí a su destino o el de ella, lo sabe, lo presiente o se miente a si mismo, continúa, charlan de todo, lo típico, la familia, las parejas, informaciones que procesar intentos de darse cuenta donde el uno ataca donde el otro resiste, donde provoca pero no, nada, no sucede nada, son dos buenos amigos, más bien parecen viejos amigos casi como un amigo de 10 años del profesorado que nunca se animo a decirle a su compañera que le gusta y que lo que quiere es que se anime a besarlo, a tocarlo, a coger con él y amanecer arrunchados en cucharita hasta que alguno se anime a preparar un desayuno. Así que ahí están, compartiendo cosas de ambos, de la familia y el colectivo que no viene y las ganas de orinar de esa última cerveza que se hacen insoportables, muy poco caballero y contradiciendo su traje, su galantería, su caballerocidad pide permiso como un niño y se va a orinar a un árbol cerca de la plaza.
Se presiente perdido por este último gesto, aunque por otro lado piensa que como él, ella puede conocer el llamado del cuerpo y comprenderlo, la chica asume más bien la segunda postura y la noche sigue, él, como ya deben leerlo, se anima y la noche sigue en medio de charlas confesiones chicas, confesiones más largas hasta que la espera se hace interminable, interminable darse cuenta que la charla está buena y no trasciende en algo que los acerque más, no los invita a ninguna intimidad, más bien los aleja más, se vuelven incluso terapeutas el uno del otro por momentos y la noche que comienza a agotarse así que no queda de otra que un taxi, quiere recuperar su galantería llevarla hasta la casa, ella se niega, apela al machismo y es un arma baja que él no puede contrarrestar, ella prefiere dejarlo en la suya y seguir de largo, se sabe perdido, derrotado, la noche, la facha, las gafas, el saco de cuello, las cervezas tomadas, las cervezas orinadas, los mejores pasos de baile, todo ha servido para conquistar una gran amiga y perder una gran amante, lo sabe, en su huída lo sabe perfectamente y se resigna, el taxi para en Padilla y se acerca a darle un beso, si, en la mejilla, donde se dan besos los amigos de hace 10 años, con una sonrisa con la que se ve a quien se quiere ver y se va caminando hasta su casa, sin un mango por que le dejó todo lo que tenía para el taxi y medio borracho, con la vejiga vacía, adentrándose en su propia cueva esperando que otra noche le regale la chispa de un encuentro similar.
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